El homenaje tuvo lugar el 23 de Marzo de 2012 en el pabellón Guido Beck del Instituto Balseiro, San Carlos de Bariloche. Durante el acto, estudiantes actuales descubrieron una placa en memoria de los ex alumnos detenidos-desaparecidos o asesinados.

Antonio Manuel Gentile - Promoción 1959
Susana Flora Grynberg - Promoción 1971
Eduardo Alfredo Pasquini - Promoción 1964
Manuel Mario Tarchitzky - Promoción 1972

PRESENTES, AHORA Y SIEMPRE

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jueves, 29 de marzo de 2012

Sobre Eduardo Pasquini

Recuerdos de sus compañeros de la 7ª promoción del Instituto, egresados en 1964


Eduardo con Raúl Rapp.
Foto de Antonio Gagliardini
Eduardo Pasquini ingresó al Instituto de Física Bariloche en agosto del año 1961. Fue uno de los 18 estudiantes que ingresamos ese año, la mayoría becados por la CNEA. En ese tiempo el Instituto tenía diversos pabellones, dos de los cuales consistían en habitaciones con baños privados para dos personas. La mayoría de nosotros vivía en esas habitaciones, en los pabellones 4 y 6, en condiciones excelentes para la época, con todas las comodidades que se podían esperar de habitaciones estudiantiles. En particular, el servicio de limpieza, bajo la dirección de la signorina Marinachi, era impecable, incluyendo la lavandería, que se realizaba una vez por semana. En otro de los pabellones estaba el comedor, donde nos servían cuatro comidas al día. Además, también muy importante, la beca consistía en una pequeña suma de dinero que servía para gastos diarios.
Era una situación realmente excelente, aunque lo más importante era la educación misma, con Balseiro como profesor de Mecánica Clásica. Pero poco después Balseiro enfermó y no pudo completar el curso. Balseiro falleció en marzo de 1962 y desde setiembre de ese año el Instituto tomó el nombre de ”Instituto Balseiro”.
En el año 1963 se casó Raúl Rapp, el compañero de pieza de Pasquini y, casi simultáneamente, Bernardino Toledo, mi compañero de pieza. Naturalmente, Eduardo y yo compartimos la habitación a partir de agosto de 1963.
Eduardo era un excelente compañero, con intereses muy variados. Le encantaba tomar un vaso de vino de vez en cuando, pero si había oportunidad prefería calvados. Era gran amante del tango, pero su música preferida era la ”Sinfonía del Nuevo Mundo” de Dvorak. Parecía estar muy satisfecho en Bariloche y visitaba el pueblo todos los fines de semana. Una vez, en la primavera de 1963, me comentó que habían llegado a Bariloche dos ”chicas preciosas”, lo que era extraordinario, ya que Eduardo muy raramente hablaba de cosas íntimas. En realidad las ”chicas preciosas” era sólo una de ellas: Liliana Mizraji. Fue un amor a primera vista y con la intensidad de los 22 años de Eduardo y los 21 de Liliana. Cuando se trataba de Liliana, Eduardo perdía su reserva, y solía contar todas las atribuciones, intelectuales aún más que físicas, de Liliana. Decía que lo más hermoso de Liliana eran sus manos de dedos largos, que reflejaban, decía, su delicadeza espiritual.
Eduardo admiraba no sólamente a Liliana. También se sentía muy cerca de los padres de ella, especialmente el padre, que era una persona muy amable con múltiples intereses. Pero esta admiración se extendía a toda la familia y Eduardo solía contar a sus amigos anécdotas de los Mizraji, de la hermosa casa de Martinez en que vivían, y de la hermana menor de Liliana, Susana. No es de extrañar que uno de esos amigos, Alberto Vazquez, de una promoción posterior a la nuestra, se enamorase de Susana aún antes de conocerla, y finalmente terminó casándose con ella en el año 1965.
Cuando Liliana volvió a Buenos Aires Eduardo estaba como perdido en Bariloche y, finalmente, decidió ir a visitarla a fines de la primavera de 1963. Sospechábamos que iba a casarse, y esto dió a Rapp y a Craievich la idea de hacerle una broma. Con mucho cuidado, hicieron imprimir una tarjeta de invitación con letras doradas para el ”casamiento” de Liliana y Eduardo, la que se ubicó muy estratégicamente en el panel de entrada del Instituto. Todo ésto se hizo muy secretamente, por lo que la noticia produjo una especie de conmoción entre todo el personal, incluidos los estudiantes. A los pocos días Eduardo llegó de vuelta, pero solo, y ya en el camino de entrada la signorina Marinachi salió a felicitarlo. Eduardo se dio cuenta inmediatamente de lo que ocurría y dijo que su esposa vendría mas tarde. Y efectivamente, transformó el chiste en realidad y se casó dos meses después, en enero de 1964.
Liliana y Eduardo vivían en una de las habitaciones de estudiantes en sus primeros días en Bariloche, pero pronto consiguieron ubicarse como cuidadores de una hermosa casa en el camino al Llao Llao. Era una pareja hermosa, con muchísimos intereses que reunía en aquella casa una gran cantidad de físicos y otros amigos barilochenses, en largas veladas de charla, mucho cigarrillo y, desde luego, calvados.
En setiembre de 1964, poco antes de recibirnos, nació la primera hija, Gabriela (Gabi), que hoy es una reconocida física de materia condensada.
En diciembre de 1964 nos recibimos y fuimos muy pocos los que nos quedamos en Bariloche. Eduardo estuvo un tiempo allí y finalmente pasó a la Sede Central de CNEA en Ezeiza. Ya en Buenos Aires Liliana completó sus estudios de Licenciada en Psicología. Al poco tiempo nació su segunda hija, Laura.
Con el Profesor Guido Beck.  Eduardo con varios compañeros:
A. Craievich, A. Gagliardini, H. Schilman, L. Másperi y R. Liotta

En el año 1967 se creó la Licenciatura en Física en la Facultad de Ciencias e Ingeniería de la Universidad Nacional del Litoral, de la cual derivó la Universidad Nacional de Rosario en 1968. De Bariloche partieron a Rosario varios físicos, entre ellos Mulhall y yo, que era el grupito de física nuclear teórica en Bariloche, primero y último que hubo allí. A Rosario también fue atraído Eduardo, desde Buenos Aires, para trabajar en física nuclear con nosotros.
La casa de los Pasquini en Rosario era, aún más que en Bariloche, un centro de reunión donde no solo había físicos sino también, y en su mayoría, psicólogos. Los motivos de charla iban desde el sentido y etimología de palabras como ”carisma” hasta los puntos calientes en política que, como es normal en Argentina aún hoy, abundaban.
Aparte de su trabajo como investigador, Eduardo tomó también la responsabilidad de cargos administrativos en la Facultad, y fue Secretario Académico del Departamento de Física. En este cargo tuvo posiciones muy firmes contra los que ocupaban cátedras sin tener ni el nivel requerido ni el interés necesario en la docencia. Esta crítica afectó no sólo a Física sino también, y especialmente, a las escuelas de Ingeniería.


En el año 1971 consiguió una beca para estudiar en Francia bajo la dirección de Andrés Zuker. Estuvo en Paris con su familia hasta el año 1973. Allí tuvieron, especialmente Liliana, una intensa actividad social, a pesar de que también debían hacerse cargo de las hijas, y se relacionaron con mucha gente, algunas famosas, como Julio Cortázar.
Eduardo volvió a Francia en 1975 para completar su tesis con Zuker en Estrasburgo. Liliana se unió a él más tarde y retornó antes para estar con sus hijas en Buenos Aires. En 1976 Eduardo rindió su tesis de doctorado y poco después ocurrió el golpe de Marzo. Zuker le advirtió del peligro que implicaba volver a Argentina en ese momento, pero él le aseguró que ellos no tenían nada que temer.

Eduardo volvió al día siguiente del golpe, y dos meses y medio después, el 10 de junio de 1976, un grupo de tareas lo secuestró junto a Liliana, dejando encerradas en sus dormitorios a las dos hijas. Dos días antes, el 8 de Junio, había sido secuestrada Julia Huarque, otra física rosarina. Fueron crimenes terribles que sumaron a Eduardo, a Liliana y a Julia a la lista de ”desaparecidos”.
No hay ni siquiera un atisbo de la razón de este crimen. Hay quien piensa que fue porque estuvieron en Francia (Julia tambien habia estado en Paris), ya que existía un grupo de inteligencia militar que pensaba que allí estaba ”la cuarta internacional”, la cual era una de las teorías conspiratorias absurdas de esos servicios de inteligencia. También hay quien piensa que Eduardo se hizo de enemigos poderosos entre aquellos que criticó como Secretario Académico, los que llamaron al Departamento de Física de Rosario ”la cueva”, con la intención implícita de dar la impresión que allí había un centro de ”comunistas revolucionarios”. En la película ”Liliana y Eduardo”, que es un documental sobre este crimen, se muestra que los vecinos de los Pasquini en Rosario eran de los servicios de inteligencia, y que probablemente fueron ellos los que incitaron el crimen. Pero quizás la razón más importante es que o Liliana, o Eduardo, o los dos, pensaban ”mal”, por ejemplo exigiendo en asambleas mejoras de algún tipo que disgustaban a los que manejaban los grupos de tareas.

Los detenidos en los campos de tortura de la región de Rosario que salieron con vida, dicen que no vieron allí a los Pasquini, y en contactos que tuvieron con otros detenidos, quienes terminaron como ”desaparecidos”, tampoco hubo señales de que alguien vió o escuchó algo sobre Eduardo y Liliana.

En esas noches fatídicas de junio fueron secuestrados Eduardo, Liliana y Julia. Algunos físicos rosarinos también fueron visitados en ese tiempo, pero tuvieron la fortuna de no encontrarse en sus departamentos y, en cambio de secuestrarlos, destrozaron muebles y robaron todo lo que tenía algún valor. Otros físicos fueron visitados e interrogados por hombres que parecían profesionales. Para no ser reconocidos iluminaban a los interrogados con lámparas muy intensas, encegueciéndolos. A uno de ellos, Mignaco, ya fallecido, quien en el mes de diciembre del año anterior había sido electo Presidente de la Asociación Física Argentina, un cargo peligroso en esa dura época, y había recomendado a Julia para ingresar a un instituto de física parisino, le preguntaron con vehemencia sobre sus relaciones con Francia. Le dijeron que estaban trabados en una lucha entre el comunismo y la civilización occidental y cristiana, afirmando que en esa lucha iba a haber un solo ganador. Además lo amenazaron, previniéndole que si le hacían otra visita sería para llevárselo. A Mignaco y a los otros interrogados les dio la impresión que se trataba de oficiales del Ejército.
Esto indica que los que cometieron el crimen eran profesionales muy bien entrenados con recursos especiales. Probablemente pertenecían a algún servicio de inteligencia de alto nivel, quizás del Comando del II Cuerpo de Ejército, bajo las órdenes, en esa época, de Diaz Bessone y Galtieri, tristemente famoso, entre otras cosas, por su actuación en la guerra de las Malvinas.

La desaparición de Eduardo y Liliana fue un gran desastre para sus muchos amigos, pero muy especialmente para la familia de Liliana. Durante un tiempo recibieron cartas fraguadas de gentes probablemente relacionadas con los servicios de inteligencia militar, las que estaban escritas como si hubiesen sido dictadas por Eduardo o Liliana, donde se decía que estaban bien, pero necesitaban ropa y dinero. Bajo esta presión enormemente cruel e inhumana, el padre de Liliana, esa persona dulcísima y pacífica, se desmoronó físicamente y al poco tiempo falleció.

Para el Departamento de Física de la Universidad de Rosario la desaparición de Eduardo y Julia y de otros colegas fue también un desastre, y produjo un desbande generalizado de físicos a otros lugares en Argentina y, sobre todo, a otros países. Pero el crimen de los Pasquini también fue motivo para que mucha gente tomase actitudes casi heróicas. Por ejemplo Boix, otro compañero de estudios barilochense ya fallecido, que era oficial de Marina, renunció a su cargo como muestra de su desaprobación de estos crímenes.

El trabajo de tesis de Pasquini fue excelente y es muy citado en física nuclear. Forma la base de la componente más importante de la interacción entre nucleones en el medio nuclear, la llamada”componente monopolar” de la fuerza nuclear. Su desaparición hizo que la tesis fuese publicada recién en 1979, en parte porque Andrés Zuker también vivió este crimen como un desastre personal. Con el título ”Quasiconfigurations: an approach to effective forces”, fue publicada en Physics Letters 82B, 319 (1979). Bajo el nombre E. Pasquini hay una llamada a pie de página que dice:

“Eduardo Pasquini disappeared in Argentina over two years ago and we have had no news of him (and his wife) since. Our results owe so much to his work, that his appearence as cosigner is more than justified.”

Roberto J. Liotta
R. Rapp, R. Liotta, A. Craievich, L. Másperi, Eduardo y B. Toledo
Foto de Antonio Gagliardini

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